A día de hoy es poca la gente que no conozca o al menos oído los términos criptomoneda, blockchain o bitcoin, conceptos que en su mayoría vienen acompañados de historias de ganancias millonarias, o al menos unos rendimientos económicos muy alejados de los ingresos de un empleo medio español.
Y es que 2023 es un buen año para echar la vista atrás y observar cómo algunas de las promesas que los precursores del mundo digital nos hicieron efectivamente fueron en gran parte cumplidas. Promesas en donde la gran apuesta en los mercados financieros ya no venía acompañada de una campana en Wall Street aderezada con el griterío de una multitud vestida de traje, sino que uno mismo, desde su propia casa con su smartphone, podía realizar cualquier operación de compraventa de valores en bolsa.
Esto, sumado a una popularización y extensión del uso de la tecnología Blockchain, que posibilito la creación de los activos monetarios digitales encriptados (criptomonedas), fue el caldo de cultivo perfecto para uno de los acontecimientos tanto tecnológicos como económicos mas relevantes del milenio.
Así, donde en un reciente año 2020 el mercado de criptoactivos, ya eran mas que comunes entre particulares e instituciones la adquisición de este tipo de “productos digitales”, una sola Bitcoin apenas rozaba los 10.000 euros, y un Ethereum los 400, cuantías que para finales del 2021 se encontraron en mas de 60.000 y 4.000 euros respectivamente.
Este repentino crecimiento exponencial hizo que en apenas unos meses el principal tema de conversación en algunos sectores se constituyese en dos principales preguntas: ¿Qué es un Bitcoin? Y ¿Dónde puedo conseguirlo?
Preguntas que tanto inversores experimentados, como particulares no tan experimentados hicieran que se embarcaran hacia la búsqueda de grandes riquezas dentro del mundo digital, como si de la nueva América se tratara.
Sin embargo, fue este gran auge desmedido el que provoco el propio desarrollo exponencial del valor de criptoactivos, justo antes de desplomar su valor de mercado a mediados de 2022 en lo que muchos calificaron como “el primer estallido de burbuja”.
Desgraciadamente pudimos observar que para lo que los primeros inversores supusieron un estallido millonario en sus bolsillos, para los mas recientes consistió una valiosa lección: “Cuanto más alto subes, más dura será la caída”.
En apenas unos meses el valor de Bitcoin se redujo a mas de la mitad, llevándose tras de si no solo los beneficios de grandes inversores, sino los ahorros o inversiones familiares realizadas mediante prestamos a entidades bancarias, familias que vieron en el mercado de criptoactivos una posible solución a corto plazo al maremoto económico en el que nos sumergía la pandemia, una situación que mantuvo bien alejadas a la criptomonedas de su uso monetario principal, y encasillándolas en otro activo financiero meramente especulativo.
De esta manera podemos apreciar como incluso a día de hoy vienen a generarse nuevos tipos de deuda, sin prácticamente legislación específica merecida, que nos someten a los expertos a la preparación constante de cara a los tribunales para conseguir soluciones optimas y personalizadas a la situación material de la sociedad, que alivien este tipo de insolvencias.
Así, es como la Ley de Segunda Oportunidad, con la reciente ampliación del procedimiento de concurso de acreedores también a personas físicas, cumpliéndose los requisitos establecidos, nos podría otorgar una posible solución para afrontar diferentes situaciones de insolvencia como las producidas por las deudas contraídas en la adquisición de Criptoactivos como Bitcoin.
En conclusión, ya sea al invertir nuestro dinero como en administrar sus consecuencias, un buen asesoramiento especializado en el momento adecuado puede marcar la diferencia, y es que; “Un buen consejo, no tiene precio”.
Juan Daniel Conesa